Mis coqueteos con la fotografía empezaron con unos 6 meses, cuando mi madre decidió ceder mi imagen a una revista de bebés. Y no es que fuera un bebé mono, que no. Lo que pasa es que era un bebé gordo. Y ya se sabe que una revista de bebés, las babas de los lectores es proporcional a los rollos en las piernas del miniser.
Unos años más tarde, a los diez. Se me ocurrió la maravillosa idea de ser actriz. Y me hice mi primer book. Afortunadamente mi madre, después de mi primera aparición en tv, se acojonó y me dijo que si quería ser actriz de verdad, antes tenía que terminar mis estudios. Siempre se lo he agradecido.
A los dieciocho me pegué un gran tortazo contra realidad. Como modelo, como actriz y como persona.
Un 80% de los fotógrafos con los que trabajé, daban por hecho que después de las cuatro o cinco horas de sesión, me iría a cenar con ellos y terminaríamos compartiendo una sesión de la única modalidad gimnástica que se practica en la cama. Con uno tuve una mala experiencia. Y malos resultados. Decidí dejar las sesiones y me pasé al otro lado. Decidí hacer yo las fotos.
Este año no sé por qué, me planteé pensarme alguna de las ofertas que me habían ofrecido como modelo. Y hoy un fotógrafo me ha dicho que si no consigo meterme en una talla 34, que prefiere no contar conmigo. Y yo no soy modelo. Me refiero a que no soy una modelo de esas impecables, a las que no le ha salido en la vida ni un sólo michelín.
Yo he tenido mis épocas de atiborrarme a nocilla, he tenido mis épocas de hincharme con la regla y terminar como un hipopótamo. Soy una tía normal, con una talla 38, o 36 si hay suerte y la providencia ha decidido quitarme algún gramo de grasa natural.
Y claro, ahora me viene este hombre, diciéndome que no trabaja conmigo si no bajo a una 34. Atentando contra mi autoestima y poniendo a prueba mi confianza en el espejo. Pues a la mierda, bonito.
Como actriz tuve la mala suerte, o no, de encontrarme con una de esas personas que deciden tu futuro según tu calidad en la cama. Y no fui capaz. No porque no sea una zorra, que mi época de zorreo he tenido. Si no porque siempre he necesitado sentir que era buena actriz, que era buena de verdad. Y lo que entendí con este tipo fue que si para trabajar necesitaba follar, es que realmente no era tan buena como me habían hecho entender.
Y yo... Simplemente no valoraba a las personas que realmente me querían. Estaba sumida en un mundo donde todo el mundo te ofrecía todo, y parecía que no se necesitaba nada más. Pero al final las mentiras salen a la luz, y te das cuenta de que la persona a la que menos has valorado, sigue ahí a tu lado. El día que me enamoré a lo bestia de Joe, fue cuando me vino a buscar a una fatídica sesión de fotos. Me enamoré tanto, tanto que me tiré llorando todo el día. Pobre, lo que tuvo que aguantar...
Afortunadamente, decidí estudiar la licenciatura de dramaturgia. Y tan feliz. Con mil proyectos. Y sigo haciendo cosas como actriz, como bailarina y como modelo... para mí misma o para gente decente.
Y la verdad es que no me arrepiento de mis decisiones. Ahora veo a amigas o amigos en ese torbellino de materialismo, pasando de una decepción a otra... y no lo envidio en absoluto.
Si es que al final el destino es sabio.
Mdme.Macarroni.
Qué bonita entrada. Llena de sinceridad, de trocitos de ti que la gente suele esconder, de apertura, de dignidad... Me ha encantado. De verdad. Me gusta esa forma que tienes de ver, de decidir y de actuar al respecto! Y me gustan tus fotos! Mucho! Yo quieroooo!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho la manera en la que escribes, y tu blog, también lo encuentro muy interesante. Me encanta la foto que tienes dónde está una muchacha con un muchacho y ella tiene una cámara de fotos en sus manos, es muy linda.
ResponderEliminarEspero nos sigamos comentando.
Besos, Vero
Dramaturgia has dicho? Eso quiere decir que no te veremos en el teatro sino como autora de teatros? Ohh... :-(
ResponderEliminarTambién en el teatro, Audrey... Le doy un poco a todo ;)
ResponderEliminar