domingo, 21 de junio de 2009

Turismo grasiento.


He decidido ser una buena hija. Así que ayer llamé a mi padre para invitarle a un estreno en un teatro de la Gran Vía de Madrid. Esa buena acción tuvo sus consecuencias: Mi padre me convidó alegremente y sin utilizar amenazas de ningún tipo a ir a León a ver a su familia: "Tienes que ir a León. Si no vas, me disgustaré."


¿Cómo se me ocurre invitarle al teatro?


No es que no quiera ver a mi abuela. Me encanta ver a mi abuela. De hecho mi abuela viniera a verme a Madrid no tendría ningún problema... pero me da pavor ir a sus territorios. De verdad que sí. Y os cuento por qué:


Cuando amanece, empiezas a oír a un gallo que no para de chillar debajo de la ventana. El jodido gallo se tira gritando debajo de la ventana desde las seis, hasta que ya no puedes más y te levantas desquiciada.


Vas a la cocina y lo primero que ves es un conejo colgando del techo. Buenos días para ti también, tierna abuelita.


Después de esa visión el estómago se te cierra a cal y canto. No hay manera de abrirlo, pero por si las moscas te ofrecen un rico desayuno a base de grasa de cerdo. Que sí, que una pastita de esas están ricas. Pero que dos ya no. Y además... ¿Me he pasado la vida cuidando la línea para que una mísera pastita mande a la mierda mis caderas?


Cuando te duchas, te arreglas, y te dispones con buena cara a vivir el día... Te ofrecen, o ir a una matanza, o ir a limpiar mierdas de gallinas. Todo muy bucólico. Viva el campo.


Más tarde llega el tour familiar. Te llevan a todas las casas de tíos, sobrinos, tíos segundos, tíos decimocuartos... Y todos te sacan alimentos con grasa de cerdo. Y te obligan a comer, porque si no es de mala educación.... Y una es una señorita educada, oiga. Así que comes. Comes toneladas. Y te dejas cebar como un dulce corderito al que después van a matar.

Y después llegas a casa de la abuela y tienes que comerte el pobre conejo, degollado vilmente, que alegremente te ha dado los buenos días. Claro, es imposible. Primero porque da yuyu. Y segundo porque da la impresión de que el estómago va a explotar.


Por la tarde no se hace nada. La explicación es muy simple: Te conviertes en una bola, y no te responden las patitas.


Así que creo que me inventaré una excusa perfecta para no ir. O pensándolo mejor... Podría ser una buena prueba de amor para Joe... ¿Seguirá conmigo después de acompañarme?


Ja. Ja. Ja. (Risa maliciosa)


Mdme. Macarroni.

4 comentarios:

  1. Ten cuidado! que lo mismo Joe encuentra allí su verdadera vocación de granjero y os puide mudaros al pueblo!
    Ayyy urbanitas! qué sería de vosotros si en vez de unos días sueltos tuviéseis que vivir todo el año rodeados de animales?...claro que...coño! eso es lo mismo que en las ciudades no!? :s
    jajaj un besi!

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  2. Uhm, no me veo yo como granjero, soy más de los pistoleros que cabalgan hacia la puesta de sol... :P

    Y no creo que aguantara más de dos días seguidos sin los placeres de la gran urbe... Si este verano nos vamos al desierto y no sé si sobreviviré!!!! Jajaja.

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  3. Pistolero!? allí en el pueblo seguro que hay caballos, no chocolat? no le dejes acercarse a ninguno!!!
    En el desierto? cabrones! os vais al desierto en veranos? os odioooo!!

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  4. Sí, al desierto. Dormir en campamentos levantados en mitad de un oasis, ir montado a lomos de un camello, ver puestas de sol entre las dunas, tumbarte y observar perfectamente todas las constelaciones... Lo he vendido bien, ¿eh? Pues si quieres ya sabes, ¡¡apúntate, quedas invitada!! :).

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