
Hoy tengo un día frío por dentro. Sin razones. Simplemente un día tonto, de esos en los que sólo deseas ver pasar el tiempo, llegar al futuro y saborear los deseos cumplidos.
Y es que me quedan tan solo once días, once... madre mía, para cerrar una etapa y empezar otra.
Estoy sola en mi habitación, sola por última vez. Joe se viene a vivir conmigo, y ya nunca más voy a estar sola. Y antes de eso pasaré una temporada en casa de mi madre... qué bien.
Pero tengo vértigo. Muchísimo. De que algo pueda salir mal, de que el destino decida reirse de nuestros sueños. Miedo de que él no sea feliz, o de que se arrepienta de dejarlo todo por mí.
No sé cómo una golfa como yo puede amar tanto. Pero es que es tanto amor que no puedo esperar.
Qué futuro tan bonito nos espera. Pero cuánto miedo tengo...
Dejando mi faceta melodramática a un lado... El tema de África hoy no ha progresado. Sigue estancado.
Joe dice que el fin de semana que viene me arrastrará a una agencia de viajes. Se niega a irse a la aventura. Vaquero cobarde... A ver qué nos cuentan. Sigo negándome a aceptar un viaje turístico con todo planeado. Pero quizá sí deje que al menos de los trámites se encarguen ellos.
Me duele la tripa. Demasiado chocolate...
Ouf.
Mdme Macarroni.



