miércoles, 17 de junio de 2009

Oh dolce verano...


Ya está. Se acabó el curso. Después de los exámenes pasé unos días maravillosos en Cádiz, junto a Joe. Piscina, sol, horas en la cama, paseos por la noche antes de dormir... Y ahora, ya aquí, otra vez sin él, intento habituarme a la idea de que no tengo que hacer nada.


Los mareos y el cansacio han decidido acompañarme, llevo dos días horribles. Seguramente es un casi embarazo, soy bastante asidua a eso. Se me retrasa la regla sólo para joder, maldita. Zorra. Pero al final siempre llega acompañada de suspiros de alivio, míos, de Joe, del subconsciente de sus padres, y del alma de sus abuelos.


Me apetece escribir, empezar algo nuevo. Tengo tres argumentos diferentes para obras de teatro y uno bastante bueno (que me ha regalado Joe) para una novela de ciencia ficción. Pero mi estado de larva absurda me hace temblar sólo cuando pienso que tengo que volver a lidiar con mi maldita manía de escribir para luego borrar. Desesperaciones las justas, de momento.


Voy a escribir nuestro viaje al desierto. Realmente nos vamos a Túnez, pero prefiero llamarle "desierto", queda más exótico. Decir que nos vamos a Túnez es como decir que vamos a follar como conejos en playas paradisíacas. Y sí, eso haremos. Pero con algo más. De hecho el plan es bastante completito. 1000 horas de coche, de fotos, de camellos, de mercados, de especias, de hoteles, de charlas con bereberes.... De hecho creo que todo es una estrategia para que llegue a la noche tan muerta que no pueda ni pensar en sexo. Muy hábil, Joe.


El caso es que me voy a tener que subir a un avión. Y últimamente me dan bastante miedo. He intentado convencerle para ir andando, en barco, en canoa, en patera, encima de una ballena, pero no sé qué manía le entra a la gente con volar. Si Dios hubiera querido que voláramos tendríamos unas preciosas alitas, ¿no?.


Me queda la esperanza de pasar del estado de "mujer-casi-embarazada", a "mujer-embarazada-sin-lugar-a-dudas-joder". En ese caso me entraría un antojo irreprimible de ir a Túnez en barquito, y tendríamos que hacerlo... a no ser que Joe quiera que su hijo tenga cara de barco y tenga que pagarle la cirugía estética a los ocho años, o antes, en el caso de que el pobre sacara también las orejas de su abuelo.


Y en esas estamos.


Sí.


M.Macarroni.


No hay comentarios:

Publicar un comentario