domingo, 1 de noviembre de 2009

Historia de un polvo frustrado.


Ayer Joe y yo fuimos a la fiesta de Halloween de mis hermanos pequeños. Nos encerramos en la cocina para huir de toda la reunión de virus que había pululando por toda la casa. Quince niños disfrazados y desmadrados. Quince niños con sus respectivos virus. Y Joe y yo de apoyo logístico en la cocina para servir cervezas a los papás o limonadas a los niños.


He de decir, que Joe vino engañado con la promesa de que en un momento dado, le metería en la terraza de la cocina y le follaría encima de una silla. Pero ese momento no llegaba.


De pronto mi madre anunció que se iba con todos los niños y con todos los padres al pueblo a pedir chuches por las casas. Oh sí. Era nuestro momento.


Pero en ese preciso instante... llegó mi hermano con su novia. Pensé que venían de paso, que se irían en 10 minutos, y nos pusimos a recoger para hacer tiempo. Pero no, iban a cenar en casa... Por lo tanto el polvo de la cocina fue descartado de inmediato. Me llevé a Joe a la habitación de invitados.


Me quité los pantalones sin quitarme las botas, me senté encima de él y de pronto escuché la angelical voz de mi hermano llamándome para que le diera un mapa del metro. Me puse los pantalones corriendo y como pude, y cuando salí ya no lo necesitaba, lo había encontrado en internet. Mierda.


Volví al sofá donde me esperaba el dolorido Joe, el pobre tenía ciertos problemas testiculares debido a la abstinencia a la que le estaba sometiendo, me senté a su lado, volví a besarle.... y sonó el timbre. ¡Mierda!


Bueno, fue imposible... Nos fuimos a las nueve, llegamos a casa casi a las once, me tumbé en la cama y me quedé dormida.


Pobre Joe...


Mdme.Macarroni.

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