domingo, 22 de noviembre de 2009

Puertas.


Yo era esa que huía. Que cerraba los ojos cuando se acercaba el compromiso, que se soltaba de la mano, y corría hacia la libertad. Hacia la soledad que tanto sobrevaloré, hacia el mercado, hacia la parada de taxis libres. Yo antes me pasaba horas tirada en el sofá leyendo mi lista de posibilidades. Acariciando la idea de que tenía en mi mano mil puertas. Mil caminos diferentes.


No sé en qué momento abrí la puerta de Joe, no sé en qué momento la cerré al entrar y me deshice de la llave. No sé en qué momento me enamoré y dejé de pensar en las puertas que había cerrado al abrir la suya. No sé en qué momento dejé de aguantar las separaciones. No sé cuándo le pedí por primera vez que viniera a vivir a Madrid. Tampoco recuerdo qué fue lo que me ha hecho seguir sonriendo a pesar de tantas noches de soledad, de nostalgia, de poca esperanza y de muchas ganas, supongo que su recuerdo, su olor en mi almohada.


Ahora mi vida da un vuelco. Empiezo una totalmente nueva a su lado. Con reglas diferentes a las que he conocido. Con escenas que no me imaginé nunca. Y tengo tantos miedos. Tantos... Ahora miro atrás, a la tarde en la que fantaseaba con esas puertas abiertas. Y sonrío, no lo echo en falta. No me imagino cómo sería mi vida de otra manera. No quiero imaginarlo porque no lo necesito.


Imagino el olor a café. Imagino tardes de guitarra y risas. Imagino sueños. Imagino su consuelo cuando me caiga, y mis abrazos cuando tropiece él. Imagino su sonrisa cansada al volver de trabajar.


Y hago una bola con todos mis miedos, y me los trago de golpe. Es duro aunque sea bonito. De pronto crezco un poco más, me hago más mayor, él y el amor me hacen valientes. Esta semana cierro una etapa de mi vida y empiezo otra. A partir de ahora... cena para dos, mi sueño...


Mdme.Macarroni.


1 comentario:

  1. Todos tus miedos, y tu pasado, y las puertas que abrías, cerrabas y volvías a entornar...todo eso no es nuevo para mí, resuena porque es lo que he vivido y sentido. Más o menos parecido.
    La otra parte, la de la cena para dos, se me escapa entre los dedos y aunque me gustaría vivirla, no termino de creerme que además de para los 'demás', vosotros por ejemplo, pueda ser real para mí. Aun así, sigo disfrutando leyéndote, sintiéndome identificada con muchas de las cosas que cuentas y sintiéndome alegre por saber que eres feliz. Feliz... qué bien suena, no?

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