
Oigo un caballo a lo lejos.
Y sí, sé que Joe no es. Es un vaquero sin caballo y sin espuelas. De hecho creo que jamás se ha subido a uno... se marearía. Y Joe nunca se arriesgaría a hacer su entrada triunfal entre vómito y vómito. Más que nada porque sabe que me daría la vuelta y saldría corriendo.
Oigo un caballo a lo lejos. Joe no es. Aún quedan muchas lunas para su llegada. Pero quizá sean buenos presagios.
Quizá Joe pueda venir para quedarse.
Cosa que no estaría nada mal, desde luego. Lo peor de ser la chica de un vaquero como Joe, no son las noches en vela aullando a la luna. Tampoco son las semanas de bajón comiendo chocolate. No es la soledad... Que todo eso también, más que nada porque queda romántico y fino, lo que se espera de una mujer de mi clase.
No... lo peor...
Lo peor...
Es la puta abstinencia, coño. Y punto.
Mdme Macarroni.
Vaya... Pasaba por aquí y tengo que decir que... (intentaré no parecer un quinceañero histérico) ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Me encanta este blog!!!!!!!!!!!!!!!! (Jo, no he podido realizar mi propósito, y eso que pasé los 15 hace tiempo...)
ResponderEliminarEstoy de acuerdo en casi todo (monté en caballo y NO me entraron mareos), pero con lo que más me identifico, es con lo de la abstinencia, es algo insufrible, y más aún cuando se tiene de señora a una mujer como usted... aghhhhhhhhh